Esa repentina sensación de caída que te despierta sobresaltado no es señal de preocupación, sino parte natural del proceso de conciliar el sueño. Descubre los fascinantes mecanismos que hay detrás de este fenómeno que compartimos muchos y cómo conseguir un sueño más reparador.
Por fin estás acurrucado bajo las sábanas, listo para quedarte dormido… cuando, de repente, un espasmo te recorre el cuerpo y te sacudes como si hubieras tropezado. Esta experiencia, sorprendente y un tanto inquietante, no es nada rara. Pero, ¿qué la causa? ¿Deberíamos preocuparnos? La verdad es más tranquilizadora de lo que imaginas.
Estos espasmos del sueño: una experiencia compartida por muchos

Ese pequeño movimiento involuntario que a veces marca el inicio del sueño tiene un nombre científico: mioclonía del sueño. Detrás de este término técnico se esconde un proceso corporal perfectamente normal y extremadamente común.
La mayoría de nosotros lo hemos experimentado al menos una vez. Esta repentina sensación de caer en el vacío, seguida de una contracción muscular súbita, suele ocurrir durante la fase de transición entre la vigilia y el sueño, cuando disminuye el estado de alerta.
La buena noticia es que no hay nada anormal en ello. Tu cuerpo simplemente está cambiando de modo, pasando de la actividad al descanso.
¿Qué desencadena estas reacciones corporales?
Cuando el sueño te vence, todo tu sistema se ralentiza: tu respiración se vuelve más regular, tu pulso se calma, tus músculos se relajan… es la gran relajación.
A veces, esta relajación es tan repentina que el cerebro, algo confundido, la interpreta como una pérdida de equilibrio, como una caída. En respuesta, envía un impulso eléctrico para “compensar” al cuerpo, provocando la famosa sacudida.
Otra explicación plausible reside en la adaptación neurológica. Durante esta delicada transición, el sistema nervioso central ajusta sus comandos motores, de forma similar a como un piloto automático recalibra su configuración.
Hábitos que pueden amplificar estos movimientos repentinos
Si bien estas sacudidas mioclónicas son fisiológicas, ciertos aspectos de su estilo de vida pueden hacer que sean más pronunciadas o frecuentes.
El estrés y la ansiedad desempeñan un papel importante. Tras un día intenso, la mente puede permanecer en estado de hipervigilancia mientras el cuerpo intenta relajarse. Esta disonancia puede manifestarse como pequeñas fluctuaciones.
El consumo de estimulantes a última hora del día, como café o ciertos tés, también mantiene una mayor actividad cerebral, lo que puede dificultar el proceso de conciliar el sueño.
Un estilo de vida irregular, la falta de descanso o la exposición a la luz azul de las pantallas antes de acostarse también son factores conocidos que dificultan conciliar el sueño sin problemas.